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  • Foto del escritorSisu Nue

Lo que esconde el miedo - I Parte

Esta era una pequeña cabaña en medio de la montaña, alejada de todo el bullicio de la cuidad, aquí vivía él. No había electricidad o agua en ese lugar. Era necesario juntar leña para prender el fuego y buscar el agua de una naciente que se encontraba a cierta distancia del lugar.

Era una vida lo suficientemente pacífica. Cultivar sus propias hortalizas y frutas y de vez en cuando cazar algún animal para comer algo de carne. No había tal cosa como el internet o el contacto con el exterior.

Este hombre había sido un médico durante su tiempo en sociedad, así que ahora que vivía allí solo, se dedicaba a pasar su tiempo a solas y se encargaba de bajar una vez al mes al pueblo más cercano para abastecerse de provisiones y atender algunos enfermos que trataba durante esas visitas.

La gente lo respetaba ya que había ayudado a muchas personas cobrando sumas de dinero ridículamente bajas, incluso aceptando suministros como pago. Algunas veces en el pueblo le pedían que no se fuera el mismo día, que se quedara un día o dos.

Había aquellos que vivían de forma más acaudalada quienes le habían ofrecido una casa para que viviera en el pueblo, pero no había forma de que aquel hombre dejara su cabaña solitaria en medio de la montaña. El seguiría bajando una vez al mes, atendería a los pacientes que pudiera durante ese día y volvería a su casa al atardecer, el resto del tiempo, lo pasaría solo.

No era alguien que hablara más de lo necesario así que nadie conocía su historia, no sabían de donde venia o por qué había abandonado su, seguramente exitosa carrera como médico. Es comúnmente conocido que convertirse en medico es muy costoso. No se veía como una persona que haya tenido carencias en su vida por lo que seguramente pertenecía a una buena familia.

Todos intentaban saber la verdad con esta o aquella teoría, pero la realidad era que al final, ninguno sabía nada. Se sentían tan en deuda con él, que no eran capaces de ir de frente y hacer ese tipo de preguntas, de cualquier manera, con seguridad serian ignorados. Ya en una ocasión, una persona se atrevió a hacer la pregunta y la respuesta de aquel medico fue simple: “Eso es algo que vine hasta aquí a olvidar” después de eso, nadie se atrevió a preguntar de nuevo.

El próximo día en el que bajó la montaña, se percató que había alguien esperándolo a la entrada del pueblo. Esta persona estaba alarmantemente pálida, su cuerpo era demasiado delgado y todo en él se veía débil. El médico preocupado de su condición, le preguntó si se encontraba bien.

- No lo sé – Respondió el hombre

- ¿No lo sabes? Pues no te ves bien. Nunca te había visto por aquí, supongo que no eres de este pueblo. Soy médico, déjame examinarte.

- No soy del pueblo, pero vivo cerca de aquí, puede examinarme en mi casa, sígame por favor doctor.

El medico lo siguió, sin embargo, el sentimiento de que algo no andaba bien le apretaba fuerte el pecho.

Al llegar, la casa lucía abandonada, una vez que estuvieron dentro, notó que la temperatura era anormalmente fría. Todo alrededor estaba sucio y desordenado. Ellos se encontraban en la sala, la cual era muy amplia con unos enormes ventanales que sin duda captarían hasta los últimos rayos de sol, sin embargo, la luz parecía no poder entrar de forma natural, a pesar de aquellas grandes ventanas, el lugar era oscuro y tenebroso.

Un escalofrió recorrió la espalda del médico y recuerdos de un pasado que había luchado por olvidar volvían a su mente de golpe. Tratando de cambiar un poco el ambiente, coloco su maletín en el mullido sofá que tenía más cercano a él y le pidió al hombre que se sentara en una de las sillas. Este se movió obedientemente hasta la silla y se dejó caer en ella.

Cuando este sujetó la mano de su paciente para tomar su pulso, advirtió que su temperatura corporal era extremadamente baja, era casi como si estuviera…

- Tu cuerpo está muy frio.

- Pues claro, eso es porque este cuerpo está muerto.

El médico, en su desconcierto, aún sostenía la mano del hombre por lo que intentó tomar su pulso, para su sorpresa y mala suerte, no tenía ninguno.

- ¿Ahora me crees?

- ¿Qué significa esto? – Dijo, mientras retrocedía hacia la puerta.

- ¿Creíste que podías huir?

- No estoy huyendo, hicimos un trato. Yo hice el último trabajo, abandoné mi vida y ahora vivo de esta manera. ¿No era eso lo que debía hacer? ¿Qué haces aquí ahora?

- Pues verás, algo surgió. Necesitamos más cuerpos, más de nosotros están en camino y necesitamos un lugar donde se puedan… hum… tú sabes… hospedar. – Dijo con un tono sarcástico y media sonrisa en su rostro sin vida.

- ¡No! No lo haré más. Ya se los dije antes y lo repito ahora, no volveré a hacer una cosa así jamás.

- Oh vamos doctor, no es para tanto, solo necesitamos 3 o 4 cuerpos, eso es todo. Esta vez será la última, lo prometo.

- ¡No! Esto nunca se va a acabar, siempre será la última, siempre me perseguirán. ¡Oh rayos! ¡¿Por qué no solo me dejan en paz?!

- ¡Ah, pero que dramático!, resulta hasta un poco divertido doc., pero debo decir que mi paciencia no es tan grande y se me está agotando el tiempo. Necesito que tomes una decisión ya.

- Ya he tomado mi decisión, la respuesta es no.

- ¿Estás seguro? No salvaras a nadie de esta forma, si tu no lo haces alguien más lo hará, solo necesitaremos encontrar otro médico, es cuestión de tiempo para que otro acepte.

- No me importa lo que hagan, no seré yo el que acabe con más vidas.

- De acuerdo, entiendo. Entonces, ¿tienes unas últimas palabras?

- Púdranse.

- Ah pero que gracioso eres. Si, lo haremos, pero conseguiremos nuevos cuerpos para entonces, aunque no estarás aquí para verlo.

El hombre se reía a carcajadas mientras caminaba hacia la salida de la casa. Tenía una mirada siniestra, lucía como un psicópata disfrutando totalmente de la situación y de lo que estuviera maquinando en su retorcida mente.

Al momento en que paso al lado del médico, este se desplomo en el suelo retorciéndose de dolor, ni siquiera lo había tocado. Se preguntó que tanto poder tenían aquellas criaturas extrañas y cómo había tenido la mala suerte de involucrarse con ellos.

- Acabo de pensarlo mejor, no te mataré, no sería divertido de ese modo. Te dejaré aquí, ahora escucha atentamente; serás incapaz de salir de esta casa, tampoco podrás morir así que no te preocupes por comer o esas cosas humanas – dijo despectivamente-. Si consigues que una persona entre en esta casa y te ayude a salir, entonces serás liberado de la maldición y serás libre, esa será tu única forma de dejar la casa. Pero nadie será capaz de entenderte de ahora en adelante y ese dolor que sientes, no se irá mientras estés aquí encerrado. ¡Es genial! ¿no lo crees?


-Continuará-


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