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  • Foto del escritorSisu Nue

Te amaré por siempre

Han pasado varios años desde que lo perdí. Desde que lo vi por última vez debajo de la mesa del comedor enfadado porque me iba de viaje una vez más. Su recuerdo todavía duele, aunque sé que ahora se encuentra en un mejor lugar donde me puede cuidar todo el tiempo.

Estuvimos juntos por menos de un año, pero eso me bastó para amarlo por encima de todo. Mi preferencia por los gatos se dio de manera repentina, todavía no sé qué pasó, pero solo supe que necesitaba compartir mi vida con uno y así fue como empezó la búsqueda de algún gatito cachorro que necesitara un hogar. Después de un tiempo, lo encontré. ¡Era tan pequeñito! ¡Tan frágil! No sabía nada de gatos, no sabía qué les gustaba o qué no. Lo llevé al veterinario y este le recetó una fórmula especial porque todavía era muy pequeño para comer el alimento normal. Tenía alrededor de un mes de nacido y debió estar con su madre, sin embargo, por cosas de la vida, ya no la tenía a su lado, así que había que alimentarlo como a un niño pequeño, con un biberón. Los cuidados extremos se extendieron hasta los 3 meses cuando ya se pudo empezar a agregar a su dieta un poco de comida aparte de la fórmula.

Conforme iba creciendo en tamaño, lo hacía también nuestra conexión. Era como si estuviéramos hechos para encontrarnos y estar juntos. Él era por mucho un gran consentido y yo era más que feliz de poder consentirlo. Todo el tiempo que podía, me dedicaba a buscar información en internet sobre gatos. Qué pueden comer y qué no, qué les gusta, cómo demuestran cariño, cómo saber si están estresados, nerviosos o si se sienten bien. Todo ese tipo de preguntas de las cuales no tenía ni idea las busqué y leí muchas veces, leí todo lo que pude.

Él me amaba, lo sé por cómo era conmigo, yo lo amaba incluso más. Cuando recibí la noticia de que estaba enfermo no lo podía creer. ¿Cómo podía ser eso verdad? Yo me había ido por tercera vez de viaje porque mi trabajo así lo requería en ese momento y él estaba bien cuando me fui. ¿O no? Yo no me di cuenta, no fui capaz de verlo, ver que estaba diferente, que estaba cansado, que su nariz estaba blanca. No me di cuenta... ¿Por qué no me di cuenta...? Pensé que su comportamiento se debía al tiempo que yo había estado fuera y que por supuesto él resentía.

Nunca imagine que esa vez sería la última. Estábamos a más de 5,000 km de distancia y ese sería el último viaje, ¡el ultimo! ¡Por fin! Después de este ya podríamos estar juntos como antes otra vez, pero el día anterior a mi regreso me dijeron que estaba muy mal y que no había esperanza de que las cosas mejoraran.

Mi mundo se quebraba a pedazos. Él era mi bebé, mi amor, mi compañero, mi familia. No podía dejarme así y menos sin que yo estuviera ahí para decirle que ya no me iba más, para hacerle saber que yo estaba con él siempre, que era necesario hacer esos viajes pero que eso era temporal y que nunca lo iba a dejar solo.

Leucemia fue el diagnóstico. Leucemia felina, una de las peores enfermedades que puede contraer un gato. En el camino del aeropuerto a mi casa fue todo silencio, yo quería saber cómo estaba él, necesitaba verlo, pero la respuesta era que estaba delicado en el hospital para animales, yo sentí que no me querían llevar a donde decían que estaba, y todo el camino se evadió el tema. Me llevaron a mi casa y una vez ahí, me dijeron que me sentara porque había algo que tenían que decirme. Yo sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, mi cuerpo entero estaba temblando. No quería escucharlo, ¡¡¡no quería!!! Para ese momento ya intuía lo que estaba a punto de oír... solo que era muy difícil de aceptar. No había nadie esperándome en ningún hospital, no íbamos a ir porque no había nada que ir a ver ahí, en el fondo lo sabía, pero cómo podía simplemente soltar el último atisbo de esperanza de que no fuera así. Él no sabía cómo decirlo, no sabía cómo empezar. Esta persona mejor que nadie conocía esa conexión que había entre nosotros y ambos sabíamos que eso me iba a destrozar por completo.

Casi le grité para que hablara de una vez, cuando entonces lo escuché...

- Él… nos dejó.

Y entonces se hizo real. Yo me quebré en millones de pedazos. En ese momento, por alguna razón incluso entendí que esa noticia no era de ese mismo día, ni del anterior... no iba a ser capaz de verlo otra vez, no había podido llegar a tiempo ni siquiera para enterrarlo, ya todo eso había pasado sin que yo estuviera aquí.

- ¿Hace cuánto?

- 15 días

Las lágrimas comenzaron a salir a chorros, mi respiración se aceleró tanto que empecé a sentirme mareada. Sentía un vacío por dentro tan grande que lo abarcaba todo. Él solo me abrazó y dejo que llorara hasta que mi cara estuvo hinchada y su camisa empapada. Al cabo de un rato las lágrimas empezaron a disminuir.

Los lapsos de llanto eran intermitentes. Dejaba de llorar por un rato y después de unos minutos empezaba de nuevo. La mañana siguiente, al segundo de abrir los ojos todo el dolor volvió de golpe y el llanto no se hizo esperar. Él estaba dormido a mi lado y lo despertaron mis fuertes sollozos, apenas logró salir de su somnolencia me abrazó de nuevo, en silencio, esperando que me calmara.

Así fue los primeros días. Después había más tiempo sin llanto entre cada lapso. Iba a trabajar y lloraba varias veces durante el día. Me aconsejaron quedarme en la casa, pero era peor estar en ese lugar vacío...

El tiempo fue pasando y fui dejando de llorar todos los días, pero seguía siendo muy difícil de sobrellevar. Todos los rincones me traían recuerdos. Los lugares donde le gustaba subirse. Sus lugares preferidos para dormir. Su olor estaba aún en algunos lugares de la casa y me hacía llorar.

Al cabo de unos meses logré volver a ser yo, aunque había una parte de mí que ya él se había llevado. El llanto ya lo tenía reservado solo para mí, solo para los momentos donde nadie estaba viendo. Era mejor llevarlo yo sola, mucha gente no entendía mis sentimientos por él y tampoco esperaba o necesitaba que lo hicieran, pero simplemente ya era suficiente la carga que debía llevar como para que también me tocara soportar los juicios.

Después de mucho tiempo por fin entendí que mi bebé sigue estando conmigo, aunque ya no lo pueda ver. Que, así como me cuidó mientras vivía, ahora lo sigue haciendo desde donde está y que hoy en vez de enojarse por tener que quedarse solo, me acompaña en todos y cada uno de mis viajes. Incluso sé que hoy se acuesta a mi lado consolándome cuando algunas veces, las lágrimas vuelven a aparecer.



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