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  • Foto del escritorSisu Nue

El árbol anciano y el leñador

Él iba caminando, adentrándose cada vez más en el temido bosque del mal augurio, ese húmedo y desolado bosque que no cualquier ciudadano se atrevería a cruzar, solo un arrogante leñador tan loco como él sería capaz de hacer algo tan estúpido. Era de noche y ya estaba comenzando a oscurecer. Necesitaba encontrar un refugio rápido o estaría en serios problemas. Era de conocimiento popular que el bosque del mal augurio no les daba la bienvenida a los humanos y menos aún durante la noche, ese bosque maldito expulsaría a cualquiera que se atreviera a cruzarlo sin tener la autorización del árbol anciano, la máxima autoridad del bosque. Ya anteriormente unas cuantas personas habían intentado entrar, pero nadie había logrado sacar nada, las riquezas que se rumoreaban que el bosque contenía eran intocables y las pocas personas que entraron decían haber visto criaturas extrañas de ojos rojos que intentaron atacarlos hasta que estuvieron fuera del bosque, la mayoría no se atrevió a volver. Los más valientes que habían reunido el valor suficiente para entrar una segunda vez, simplemente habían desaparecido. Ya había pasado tiempo desde la última vez que alguien por voluntad propia había decidido emprender ese viaje suicida. Todo esto, sin embargo, para el leñador no eran si no simples historias y supersticiones de la gente del pueblo para justificar su cobardía. Para alguien como él, que pertenecía a un lugar lejano, esas historias absurdas no tenían ningún efecto y un gran bosque como este por supuesto era un gran negocio para un leñador de su reputación. Las historias del bosque del mal augurio ya habían llegado a todas partes y a él particularmente le había llamado la atención. Su prestigio crecería aún más una vez que se convirtiera en la persona que conquistó el bosque prohibido, se hablaría de él por todas partes y no habría lugar donde no se escribieran las historias de sus grandes hazañas. Su motivación estaba a tope y lo único que tenía que hacer era buscar las riquezas escondidas, así como algunos árboles para talar.

Al ser un leñador experimentado, estaba acostumbrado a adentrarse en los lugares más peligrosos. Entrar y salir con su preciado botín sin que nada lo detuviera, ese era siempre el resultado de sus aventuras. Su capacidad para leer el ambiente y hacerse uno con el entorno eran ya parte de sí mismo. No había animal salvaje que pudiera contra él, ya había aprendido cómo controlar a cada uno de ellos y sabia todos los trucos para matarlos de forma rápida y sin salir lastimado. Este hombre era lo que en su pueblo natal se conocía como un verdadero héroe.

El famoso leñador continuó adentrándose en el bosque y de repente notó que estaba oscureciendo más rápido de lo normal. Él pensó que se debía a la particular densidad de la vegetación en el lugar y de manera calmada saco de su bolsa su lampara de aceite y la encendió. Se preparo para seguir su camino, pero notó que su lampara a pesar de estar encendida, no alumbraba su camino, todo seguía igual de oscuro que antes. Esto le pareció extraño, un evento que nunca había visto estaba ocurriendo delante de sus asombrados ojos. Por más que intentó encontrar una explicación, no había nada que pudiera justificar una lampara encendida que no proyectara ninguna luz fuera de su propio vidrio, incluso revisó que tuviera suficiente aceite, pero todo parecía estar bien. Decidió simplemente volverla a guardar ya que no le era de utilidad y continuó caminando despacio en la oscuridad. En este momento lo único que pasaba por su cabeza era buscar un refugio donde pudiera pasar la noche y continuar la búsqueda por la mañana.

De repente una luz a lo lejos llamó su atención, ¿podría ser que alguien más se encontrara allí?, ¡Podría ser que esa persona me ayude a arreglar mi lampara! ¡O mejor aún, que haya encontrado un buen refugio y podamos compartirlo! pensó para sí mismo y se apresuró a seguir el camino que lo llevaba hacia la brillante luz.

A pesar de que la luz parecía estar bastante cerca, por más que caminaba, la distancia no disminuía y ya se estaba empezando a cansar, había perdido la cuenta de cuantas horas pasaron desde el momento en el que entró al bosque. Sin su lampara o un refugio, llegar a ese lugar de donde provenía la luz, era su única esperanza de sobrevivir. A lo lejos se podía escuchar los sonidos de los animales que vivían en ese lugar, algunos sonidos eran conocidos y ya había identificado una manada de lobos que aullaban de vez en cuando, un poco más lejos también se podía escuchar a un búho que ululaba sin parar. Sin embargo, para su sorpresa, había otros sonidos que aún estaba tratando de identificar. ¿Se trataba de un animal o de otra cosa? Era raro para él que le tomara tanto tiempo saber qué tipo de animales era los que tenía a su alrededor, pero al parecer los eventos extraños se estaban empezando a convertir en algo frecuente mientras más entraba la noche en aquel lugar.

Inesperadamente, la luz que había estado siguiendo desapareció y el leñador no supo hacia donde ir, llevaba tiempo tratando de alcanzar ese lugar iluminado y con la oscuridad que había alrededor, no sabía dónde se encontraba en este momento. Los animales que podía escuchar eran sin duda una amenaza, sabía bien cómo lidiar con los lobos, pero ¿cómo haría para defenderse de algo que no conocía? De pronto una fuerte voz le habló:

- ¿Qué crees que haces aquí?

La voz era penetrante y profunda. No podía decir si era de un hombre o de una mujer, tampoco podía saber de dónde provenía, era como si todo el bosque le estuviera hablando. Esto le provocó un escalofrío por todo el cuerpo y una alerta de peligro se encendió dentro de él. Inmediatamente trató de mantener la calma y pensó que estaba siendo muy ingenuo y que seguramente todas esas absurdas historias de los habitantes del pueblo le estarían afectando, probablemente su cansancio tras tantas horas de caminar le estarían empezando a afectar. Luego que se hubo calmado, se apresuró a contestar:

- Oye, quien quiera que seas, ¿puedes darme una mano aquí? Llevo varias horas caminando, mi lampara se descompuso y no he logrado encontrar un lugar para pasar la noche. Ayúdame, te pagaré bien.

- ¿Crees que algo tan vulgar como el dinero te podría servir de algo en mi bosque?

- ¿Tu bosque? ¿De qué estás hablando? Deja de bromear ¿acaso no sabes quién soy? Estas hablándole al gran leñador de las lejanas tierras del sur, he venido hasta aquí para convertirme en una leyenda al conquistar este bosque al que todos temen. He sido amable contigo, incluso te ofrecí un pago, pero te atreves a contestarme de esa forma, que descaro. Entonces lo pondré de otra manera: no te estoy dando opción, te mataré si no me ayudas.

- ¿Matarme? Incluso si eso fuera posible para alguien como tú ¿Por qué ustedes los humanos en lo único que piensan es en matar y destruir? No les importa lo que tengan que hacer para conseguir su asqueroso dinero, son tan primitivos y vulgares que no los tolero y es por lo que no son bienvenidos en mi bosque. Te lo preguntaré una vez más, ¿Qué crees que haces aquí?

Después de pronunciar esas palabras, un viento frio como el hielo empezó a soplar haciendo que el leñador se estremeciera. La fuerte ráfaga de viento provocó que todos los árboles empezaran a moverse. El sonido que producían al chocar entre si no era el usual y originaba en él un gran sentimiento de inquietud. Por otro lado, los extraños animales que antes se escuchaban a lo lejos, cada vez se oían más cerca. Era como si el bosque entero le estuviera advirtiendo que debía salir de ahí lo más pronto posible.

En ese momento el leñador comenzó a recordar y creer todas las historias que había oído por ahí, tanto así que deseó haber prestado más atención. Si tan solo no hubiera sido tan orgulloso y hubiera compartido un poco más con la gente del pueblo, ahora entendería un poco mejor la situación. Lo que si sabía era que, si continuaba allí por mucho tiempo más, este se convertiría en el lugar de su muerte y el bosque que se propuso tan arrogantemente en conquistar, sería quien le daría fin al reconocido leñador que su pueblo tanto glorificaba.

Ya se había dado cuenta que quien le hablaba no era una simple persona, en este momento a su alrededor nada tenía sentido y se encontraba en una terrible desventaja. Aunque su mente intentara buscarle una explicación a las cosas que habían estado sucediendo, no encontraría ninguna lógica. Las varias historias de personas heridas o desaparecidas que corrían por el pueblo, la terrible oscuridad, una lampara que no alumbraba su camino, una luz a la que era imposible llegar, animales y arboles produciendo sonidos que provocaban escalofríos que llegaban hasta los huesos. Nada estaba dentro de lo normal, ya no era cuestión de su mente, esto era algo que tenía que afrontar de otra manera.

- ¿Tu eres el árbol anciano?

- Creo que así es como me llaman los humanos, entonces sí, lo soy.

- Árbol anciano, yo vine aquí con la intención de…

- De destruir. Viniste aquí con la intención de cortar mis árboles y buscar mis tesoros. También ansías el inútil reconocimiento de las personas. El espíritu de quien traspase este bosque queda expuesto y su corazón es fácil de leer para mí, sé todo lo que deseas. Se las cosas que has hecho para conseguir tu fama y actual riqueza. No puedes tenerlo. Los humanos no son bienvenidos aquí y nunca lo serán. No te permito llevarte una pequeña hoja de este lugar. Perderás la cabeza antes de dar un paso si lo intentas.

- Si… lo siento. Pero si me permites decirlo, hay demasiados arboles aquí, apenas se puede caminar. No habría sido un gran daño si cortaba uno o dos. Los tesoros también son innumerables. ¿por qué te enfadas tanto? Creo que estas siendo un poco egoísta.

- Todos los árboles y todo lo que se encuentra en este bosque es una parte de mí, no hay nada aquí que no sea preciado para mí. ¿Te parecería bien si te pido cortar uno de tus dedos solamente porque veo que tienes más de uno?

- Bueno, eso no estaría bien, no podría prescindir de uno de mis dedos, pero de todos modos creo que no sería lo mismo para mí de lo que sería para ti darme un par de árboles y unos cuantos tesoros.

- Y puedes decirme, si logras conseguir llevarte un árbol o dos ¿eso sería suficiente para ti? ¿Acaso no vendrías después buscando más? ¿No continuarías viniendo hasta que estuvieses seguro de que no queda un solo tesoro o árbol más? ¿Podrías conformarte con eso y no volver sabiendo que quizás alguna otra persona también vendrá y se llevara algo por su cuenta? La avaricia de ustedes los humanos no tiene límites, acabarían con el bosque entero antes de sentirse satisfechos. Ya les hemos dado demasiado en el pasado, ahora debes irte.

- Árbol anciano, ¿Puedo preguntar por qué desprecias tanto a los humanos?

- ¿No te lo he dicho ya? ustedes no entienden nada, creen que son lo único que importa, creen que su ambición justifica el destruir todo a su paso, son tan tontos que no pueden ver más allá de su nariz. Te lo he dicho, puedo ver todo lo que hay en tu corazón, has vivido guiado únicamente por tu ambición, no te has preocupado por hacer las cosas que alimentan el espíritu y ahora estas vacío. Ese vacío lo intentas llenar con cosas inútiles como reconocimiento y muchas riquezas, pero no servirá. Continuaras sintiéndote igual y acabaras con todo a tu paso mientras lo intentas y no solo eres tú, así son todos ustedes. Ni siquiera vale la pena explicarlo porque no lo entenderás. Déjame contarte una historia:

- Hace mucho tiempo este bosque ocupaba todas las tierras del norte y tanto los humanos como todas las criaturas del bosque convivían en armonía tomando solo lo necesario para vivir y dejando el resto en paz. Los humanos encontraron refugio y comida y a pesar de que no había realmente nada que el bosque necesitara de ellos, estaba bien así. Eso fue por un tiempo hasta que alguien descubrió que, si tomaba un poco más de lo necesario, podría intercambiar esa porción extra por otra cosa que necesitara sin el esfuerzo extra que requería ir a conseguirlo por sí mismo. Después de un tiempo, la mayoría intentó hacer lo mismo y poco a poco fueron declarando suyas partes del bosque para así poder hacer lo que quisieran dentro de ese lugar y limitar a los demás obligándolos así a adaptarse a sus condiciones. Le dieron la espalda al bosque y sin consultarlo comenzaron a talar todos los árboles para intercambiar la madera, a matar a todos los animales para vender sus pieles y carne y toda la armonía que reinaba se rompió. El bosque empezó a sufrir y les pidió que se detuvieran, pero ya no podían escuchar. Estaban tan cegados por su deseo de poseer y controlar, que sus corazones se corrompieron y no fueron capaces de comunicarse con los árboles ni los animales nunca más. Su conexión con nosotros se había perdido para siempre.

- De la desesperación y resentimiento del bosque, nacieron criaturas dispuestas a matar a quien el bosque considerara su enemigo. Estas criaturas se alimentarían del ego y la avaricia de los humanos y consumirían toda su energía hasta matarlos, luego sus cuerpos serian comidos por otros animales y así no quedaría rastro de quienes hubieran causado algún daño, ni siquiera su espíritu sobreviviría ya que sería obligado a formar parte de la criatura que lo consumió y nunca podría volver a ser libre. Sacar a los humanos fue la única forma de detenerlos y así evitar que destruyeran el bosque en su totalidad, muchos otros murieron también. Estas criaturas lo volverán a hacer las veces que sea necesario para que el bosque prevalezca, ellos aun lo protegen. El lugar en el que te encuentras ahora es la única parte que sobrevivió y la única razón por la que aún existe, es precisamente porque los humanos no pueden entrar, de lo contrario ya habrían acabado con esto también. Si no, mira a que has venido tu. Aquí ya no hay nada que puedan tomar, ¿no crees que ya se han llevado suficiente?

- Voy a decirlo por última vez, debes irte ahora.

Antes de que el árbol anciano terminara de hablar, el leñador sintió que estaba siendo observado. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta que un sinnúmero de pares de ojos rojos como la sangre lo miraban con detenimiento, no se había percatado del momento en el que se acercaron, pero los sonidos que emitían ahora que los había visto, no eran para nada amigables. Sin lugar a duda estas criaturas atacarían a la menor señal del anciano, habían sido llamados por él para que sacaran al leñador del bosque de inmediato y su sed de sangre se podía percibir en el aire. Ni siquiera tenían una forma descriptible, lo único que sabía era que estaba rodeado y que esta vez debía escuchar si quería seguir viviendo, el árbol anciano no estaba jugando y su odio por los humanos no iba a desaparecer. A este punto el leñador tenía más que claro que no era bienvenido y que su vida corría peligro. Repentinamente empezó a sentir como algo subía por sus piernas, no podía distinguir si se trataba de un animal o varios, debía ser otra de las criaturas que protegían el lugar, pero la oscuridad le impedía ver algo. Su corazón estaba por salírsele del pecho y se apresuró a decir:

- Lo lamento mucho, tengo la intención de irme ahora, es solo que está realmente oscuro, no sé cómo llegue hasta aquí y no seré capaz de encontrar la salida.

Rápidamente los ojos rojos desaparecieron, lo que subía por sus piernas se deslizó hacia abajo hasta soltarlo y el bosque quedó en silencio. Como caído del cielo la luz que había visto antes volvió a brillar.

- Síguela y serás capaz de salir. Esta vez puedes irte, pero en el futuro debes recordar que ninguna persona ha sido capaz de salir de este bosque una segunda vez…

- Lo recordaré, me iré de inmediato.

El leñador comenzó a caminar a toda velocidad hacia la luz que lo guiaba, había olvidado todo su cansancio, su vida dependía de ello, no sabía si las criaturas podían aparecer nuevamente ante él y tampoco quería averiguarlo. Los latidos de su corazón retumbaban por todo el lugar, pasado un tiempo, la luz se detuvo en un lugar y el leñador se dio cuenta que esa era la salida, apresuró incluso más su paso y salió sin mirar atrás siquiera una vez.

El llamado bosque del mal augurio lo miro mientras desaparecía a lo lejos y el árbol anciano supo que no iba a volver.

-Fin-



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